Monstruos

Monstruos.

Mi familia son monstruos. Tienen las caras finas y alargadas, sobre todo mi papá, tanto que cuando sonríe me da miedo porque parece que se va a romper, también tienen las bocas y la nariz en una posición extraña y unas cosas rarísimas sobre sus cabezas. Las piernas son largas largas y los brazos también, como esos espaguetis tan ricos que hace mamá con salsa de tomate y que siempre acaban manchando mi babero y mi cara porque los como muy rápido y casi sin masticar. Mi hermano mayor, que también es un monstruo, se ríe y yo me río también pero mamá se enfada y papá me mira serio, aunque él no me riñe. Entonces nos callamos los dos, mamá me limpia y seguimos comiendo, mi hermano mayor me pellizca en la pierna para hacerme reír otra vez y yo le intento dar una patada por debajo de la mesa pero nunca le alcanzo. Porque yo soy normal, tengo las piernas normales, no largas largas como espaguetis y no le alcanzo. Entonces con la fuerza del impulso termino dando una patada a la mesa y los espaguetis con salsa salen disparados y todos se manchan. Entonces mi hermano se ríe muchísimo otra vez, mamá se enfada muchísimo y papá me mira serio. Son bien raros estos monstruos, que ante una misma situación reaccionan todos de manera tan diferente.

Mamá es muy rara. Es la más extraña y tiene bultos por su cuerpo, por eso quizá se enfada tanto, porque sabe que es muy rara, más incluso que papá y mi hermano mayor. Yo siento pena por ellos y se lo digo, que no me importa que sean diferentes, los quiero igual; entonces mamá llora y me dice que me quiere mucho y esa noche cuando me acuesta me abraza y me da un beso y se alegra mucho de que yo al menos sea normal. Sí que es bien rara mamá.

Con mi hermano mayor juego mucho y nos lo pasamos muy bien, aunque también estudiamos todas las mañanas las lecciones que nos da papá. Papá es muy buen profesor y nos explica todo mil veces porque a veces no le entendemos bien. A mi me da miedo cuando se pone serio y me mira fijo, pero no debería darme miedo porque es muy bueno conmigo. Y muy paciente. A veces no hago los deberes que me manda y se pone aun más serio, entonces me castiga sin recreo y tengo que acabarlos aunque no me apetezca nada. Es un fastidio porque me encantan los recreos, salimos a jugar al jardín y nos lo pasamos muy bien.

A mi no me gusta nada nada estudiar por eso el jardín es mi lugar favorito. Y mi segundo lugar favorito es el desván, donde guardamos cosas y cacharros antiguos de la familia y jugamos al escondite, a disfrazarnos. Yo me disfrazo de monstruo y mi hermano mayor de persona normal, y tenemos un laboratorio con un juego antiguo de química y productos raros de cuando papá era pequeño como yo. Yo no puedo jugar con él porque es peligroso, solo cuando está papá o mi hermano mayor y para que no se enfaden les hago caso. Hacemos mezclas, explosiones, fuegos, humos raros de muchos colores y huele feo, pero es muy divertido, y quizá pueda algún día hacer yo solo experimentos difíciles como papá, pero no sé si seré capaz.

Al jardín solo salimos en el recreo y un rato por la tarde si hace bueno y no llueve y no hace mucho frío. Es un sitio fantástico el jardín, hay árboles muy grandes que mi hermano escala fácilmente porque tiene las piernas y los brazos largos largos y yo como aun soy pequeño y soy normal me cuesta mucho. Cuando crezca me dicen que ya podré pero ahora no, sería peligroso y podría caerme y romperme un brazo aunque yo no lo creo. Hay un árbol muy bajito que es mi árbol favorito y ahí si me subo a sus ramas. También tenemos arbustos, una hierba muy grande y una gran valla alta muy alta rodeándolo todo para que la gente no vea a mi familia y no se asuste de ellos. Por eso tampoco nunca salimos afuera, para que la gente no se ria de mi familia y les llame monstruos. La gente, dice mi papá, no comprende lo diferente, y unos se ríen y otros se asustan cuando ven algo que no comprenden. Sí que es rara la gente, yo no me asusto ni me río de mi familia aunque sean diferentes, pero papá dice que efectivamente son así. Y mamá llora y dice que también, que antes salían y lo pasaban muy mal y por eso decidieron no salir más para poder vivir todos juntos muy felices aquí. Aunque mamá a veces no parece muy feliz.

En otra parte del jardín hay una huerta donde sale comida del suelo, a mi me gustan las zanahorias, y si tengo mucha hambre las arranco y las como sin lavarlas con tierra y todo. La verdura me gusta menos, las patatas mucho y las fresas son lo mejor, pero son raras y solo crecen en verano. Hay árboles que también dan comida que se llama fruta pero no son tan ricas como las fresas. Y también tenemos gallinas que dan huevos y que cuando ya son mayores y se mueren nos las comemos porque la carne es muy importante para la dieta dice mamá. Hay también otro tipo de comida que viene en bolsas que no sé muy bien de donde sale. Quizá la fabrica mi padre en el laboratorio, pero mi hermano mayor dice que la trae de fuera alguna persona buena que no se ríe ni se asusta de mi familia. Le pregunté si había visto a esa persona y me dijo que no pero que no hay otra explicación. Entonces yo le dije a papá y mamá que como soy normal si puedo salir afuera pero dicen que cuando sea mayor, que aun soy pequeño y el mundo es muy grande y me puedo perder; y la verdad me da un poco igual porque con el jardín, el desván y todas las habitaciones libres de la casa hay lugar suficiente para jugar y pasárnoslo bien.

Aunque eso era antes. Ahora mi hermano mayor dice que está cansado de estar encerrado y que los juegos de siempre ya no le divierten tanto. Se está volviendo raro, como papá y mamá. Pasa más tiempo solo, lee libros muy gordos que le roba a papá y estudia más que antes. Yo creo que es por ser un monstruo que es algo diferente a mi, pero no entiendo porque antes le gustaba jugar y ahora no. El mundo es muy raro, la verdad.

A mi sí aun me gusta jugar y me aburre mucho leer y todavía más estudiar. Yo entonces exploro solo la casa y busco el tesoro secreto de la casa. Estamos seguros que hay un tesoro secreto escondido que al encontrarlo y gracias a sus efectos mágicos todos dejarían de ser monstruos y se volverían como yo, normales. Y así me paso horas, porque hay unos seres invisibles que viven en la oscuridad de los que me tengo que escapar y que son los que esconden el tesoro. No se pueden ver pero a veces sí los escucho de noche, cuando no me duermo, como pisadas y crujidos en el suelo, entonces grito de miedo, viene papá o mamá y me dicen que no existen seres invisibles, que es el suelo de madera que se contrae por el frío de noche, por la diferencia de temperatura. Pero yo creo que me mienten para que no tenga miedo. Y al día siguiente cuando ya no es de noche y ya no tengo miedo vuelvo a explorar la casa para arrebatarle el tesoro a esos tontos seres invisibles. Pero aun no lo he encontrado.

Mi hermano mayor esta tarde me dice que ha inventado un juego nuevo y yo estoy muy contento de que quiera volver a jugar conmigo. Dice que será una superexploración y que será supersecreto, que no puedo contarle nada a papá y mamá porque como son raros seguro que se enfadan y yo se lo he prometido.

Se ha colado en su habitación mientras estaban en la cocina y les ha robado la llave que abre la puerta grande del jardín, así que por fin exploraremos lo que hay al otro lado y seguro que ahí también hay un tesoro. Yo le dije si no tenía miedo de las personas que nos encontremos fuera, que se reirán y se asustarán si lo ven, pero el dice que no le importa, que de todas maneras intentaremos escondernos para que no nos vean, que será la mejor aventura que hayamos corrido jamás, y yo estoy muy emocionado y le dije que de acuerdo, cuando lo hacemos, y dijo que ahora mismo, que papá y mamá están cocinando y así no se enterarán, y yo dije perfecto, vamos.

Nos acercamos a la puerta muy despacio y metió la llave en un agujero que hay al lado de la palanca de abrir. Yo solo había visto llaves pequeñas que cierran las puertas de las habitaciones de casa, pero nunca una tan grande y pesada. Hizo un ruido feo de chillido cuando la giró y yo miré atrás muy asustado por si nos habían pillado aunque por suerte no había nadie. Tiró varias veces de la puerta haciendo otra vez mucho ruido mientras yo miraba todo el rato hacia todos los lados, con mucho miedo, porque sabía que nos podía caer una buena si nos descubrían y al final hizo como un estallido de los experimentos de Papá y finalmente se abrió. Miré a mi hermano mayor y vi que también estaba un poco asustado y casi temblando. Entonces el también me miró, puso una cara rara, como de persona mayor, y enrojeció, como si de repente tuviera muchísimo calor. Dejó de temblar, puso recta la espalda y me dijo ¿estás nervioso? Un poco, dije yo. Pues yo nada, dijo él, empujó la puerta hacia atrás y salió afuera.

Me quede un rato allí porque no sabía muy bien que hacer, pero gritó: ¡ven rápido y cierra la puerta, sino nos van a descubrir! Y no me quedó más remedio que salir, cerrar la puerta y por fin ver lo que había afuera de la casa, donde nunca antes había estado.

A mi hermano mayor aquello pareció gustarle mucho, ya no estaba rojo y tenía los ojos y la boca muy abierta, mirando para un lado y para otro. Pero a mi no me pareció gran cosa. Había muchos árboles y arbustos, pero en el suelo no había hierba, como en el jardín, solo un caminito de tierra que parecía muy largo porque yo no veía donde acababa. Andamos un poco por el borde del caminito y vimos unas casas mucho más pequeñas que la nuestra y sin una valla tan alta.

Teníamos mucha curiosidad pero no queríamos acercarnos y mirar por las ventanas por si acaso nos descubrían y empezaban a gritar o a llorar y entonces si que estábamos en una buena. Cuando llevábamos lo que dura medio recreo andando oímos un ruido raro y estrepitoso, nos apartamos del camino y nos escondimos detrás de un árbol grande, grandísimo, que tienes unos frutos duros que yo quería probar pero mi hermano mayor me dijo que no, que podía ser venenoso y morir entre gritos insoportables. Yo me asusté mucho y tire el fruto con todas mis fuerzas, pero ahora que lo pienso creo que no era venenoso. El ruido se hizo más grande y apareció una máquina como la que tiene papá guardado en el garaje en el que nunca me deja entrar y solo pude ver desde fuera, por una pequeña ventana llena de telarañas. Pasó rápido levantando mucho polvo y humo y cómo temblé de miedo, pero creo que no nos vio y me pareció que dentro había alguien sentado pero no pude verlo bien. Le pregunté a mi hermano mayor y dijo que tampoco lo vio bien. Se había puesto serio otra vez y también temblaba.

Cuando se nos pasó el miedo volvimos al camino y seguimos andando. Yo le dije que era mejor volver porque papá y mamá se iban a dar cuenta pero no me respondió y siguió andando. Y yo le seguí. Ahora había menos árboles y trozos de jardín con una hierba diferente a la nuestra. Entonces de repente el camino de tierra se acabó y empezó un nuevo camino mucho más ancho de una piedra oscura y dura con rayas blancas pintadas. Eso sí que fue raro. Lo más raro que había visto nunca.

Qué hacemos, le dije. No sé, quizá haya que volver, me respondió. Y yo dije que vale, porque se estaba haciendo tardísimo y fijo que se enteran y nos cae una buena. Entonces apareció otra máquina como la de antes, aunque mucho más grande, alta y alargada, haciendo mucho más ruido y acercándose a nosotros. Y por el miedo y la sorpresa y porque no había árboles donde escondernos nos quedamos parados. La máquina enorme se paró enfrente nuestra y se abrió una especie de puerta de una manera muy rara, como plegándose así misma pero sin romperse. Entonces comenzaron a salir de dentro montones de seres rarísimos que se quedaron mirándonos a los dos, y uno más pequeño que yo se asustó y empezó a gritar. Y me di cuenta que papá y mamá tenían razón, que si nos veían se reirían o gritarían y yo casi preferí que gritasen.

Lo que no acabé de entender fue por qué todos eran monstruos como mi hermano, y mis papás, feísimos y con las cabezas llenas de fideos raros, por qué todos me miraron a mi, con sus pequeñas bocas muy abiertas, y por qué mi hermano también me miró, y se puso rojo otra vez, y otra vez comenzó a temblar.