Lo que no debería hacer falta decir

En el año 2012 el premio nobel de literatura Gunter Grass publicó un poema titulado “Lo que hay que decir” donde se mostraba contrario a un hipotético ataque de Israel contra Irán. El escritor alemán fue duramente criticado en toda Europa, a mi entender de manera injusta y excesiva, colgándole el habitual epíteto de antisemita por limitarse a criticar las políticas de un determinado país.

Es este un tema que ya he tratado varias veces en el blog, la hipocresía de muchos políticos y periodistas que solo defienden la libertad de expresión mientras no ataques sus particulares dogmas y creencias, además de la demagogia explicita de dichos ataques donde de manera general se te acusa de antisemita si criticas al gobierno israelí, de racista si quieres limitar la actual inmigración descontrolada, de machista si no estás de acuerdo con cierto feminismo radical enloquecido, y de fascista si te rebelas contra la pseudoprogresía reinante.

Excuso decir que no me considero racista, fascista, machista ni antisemita (no pocos de mis escritores y directores de cine favoritos son judíos), como no lo son el noventa y nueve por cien de las personas a las que hoy en día se le acusa de esto, pero estos son los tiempos locos que vivimos, tiempos que Gunter Grass pronosticó con implacable acierto, pues el hipotético ataque a Irán del que alertaba a en su poema finalmente se produjo con las terribles consecuencias humanas y económicas que ya todos conocemos.

Tengo escasas simpatías por la teocracia iraní, pero bombardear y arrasar países nunca ha traído como consecuencia democracias esplendorosas sino más bien todo lo contrario: estados fallidos y gobiernos más opresivos que los anteriores (además, por supuesto, de los miles de muertos y perdidas materiales), y ahí están los ejemplos de Irak, Libia y Siria para corroborar esto.

Cuando se va a cumplir el undécimo año de la muerte de este gran escritor recupero el citado y polémico poema (y que reconozco que desde un punto de vista literario no me gusta demasiado), y el que escribió un servidor como contrarréplica a las furibundas criticas que recibió.

    

Lo que hay que decir. (Gunter Grass)

Por qué guardo silencio, demasiado tiempo,
sobre lo que es manifiesto y se utilizaba
en juegos de guerra a cuyo final, supervivientes,
solo acabamos como notas a pie de página.
Es el supuesto derecho a un ataque preventivo
el que podría exterminar al pueblo iraní,
subyugado y conducido al júbilo organizado
por un fanfarrón,
porque en su jurisdicción se sospecha
la fabricación de una bomba atómica.
Pero ¿por qué me prohíbo nombrar
a ese otro país en el que
desde hace años —aunque mantenido en secreto—
se dispone de un creciente potencial nuclear,
fuera de control, ya que
es inaccesible a toda inspección?
El silencio general sobre ese hecho,
al que se ha sometido mi propio silencio,
lo siento como gravosa mentira
y coacción que amenaza castigar
en cuanto no se respeta;
“antisemitismo” se llama la condena.
Ahora, sin embargo, porque mi país,
alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez
por crímenes muy propios
sin parangón alguno,
de nuevo y de forma rutinaria, aunque
enseguida calificada de reparación,
va a entregar a Israel otro submarino 
cuya especialidad
es dirigir ojivas aniquiladoras
hacia donde no se ha probado
la existencia de una sola bomba,
aunque se quiera aportar como prueba el temor…
digo lo que hay que decir.
¿Por qué he callado hasta ahora?
Porque creía que mi origen,
marcado por un estigma imborrable,
me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,
al país de Israel, al que estoy unido
y quiero seguir estándolo.
¿Por qué solo ahora lo digo,
envejecido y con mi última tinta:
Israel, potencia nuclear, pone en peligro
una paz mundial ya de por sí quebradiza?
Porque hay que decir
lo que mañana podría ser demasiado tarde,
y porque —suficientemente incriminados como alemanes—
podríamos ser cómplices de un crimen
que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa
no podría extinguirse
con ninguna de las excusas habituales.
Lo admito: no sigo callando
porque estoy harto
de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además
que muchos se liberen del silencio, exijan
al causante de ese peligro visible que renuncie
al uso de la fuerza e insistan también
en que los gobiernos de ambos países permitan
el control permanente y sin trabas
por una instancia internacional
del potencial nuclear israelí
y de las instalaciones nucleares iraníes.
Solo así podremos ayudar a todos, israelíes y palestinos,
más aún, a todos los seres humanos que en esa región
ocupada por la demencia
viven enemistados codo con codo,
odiándose mutuamente,
y en definitiva también ayudarnos.

     

Lo que no debería hacer falta decir. (En defensa de Gunter Grass)

Por qué se acercan tanto al resplandor,
por qué esa presencia callada,
por qué el látigo restallando
a quién insufló con su aliento
el pálido crepitar de la hoguera.

Ahora tienen su destrozo,
su jauría de réplicas y mordiscos,
su desliz hacia una verdad
tan negra como mil sucias mentiras.

Máscaras de manipulación masiva
deconstruyen la realidad a su antojo
ampliando el abanico de posibilidades
hacia una única destrucción:
El espantajo asienta la cruz
y atraviesa con la pluma sus manos
ingrávidas hacia el horizonte de grandeza
de quien fue verdugo y ahora mártir
por decir lo que tenía que decir:

El mal no tiene nombre, religión
o escombrera que lo provoque,
el mal es mal y así debe ser nombrado
sin importar de quien provenga,
sin importar a quien señale.
El mal anida en nosotros
horadando conciencias,
perturbando horizontes,
al mal solo podremos enfrentarnos
cuando todos sean conscientes
de que no solo pertenece al bando contrario.